Ella gritó, después susurró y
en ningún caso yo entendí una
palabra. Dijo que sí, siempre
estaría allí, y después
pretendió que le diera las gracias.
Comenzó una noche cualquiera y aún
no lo he sabido parar.
Ella corrió; dijo: “ven tras de
mí”, y el polvo que levantó me
cegó completamente. Me
señaló; gruñó: “es el
mismo error”. Yo traté de explicar que era
un error diferente. ¿Qué más
da? Se trata de errores. Qué más da,
si el peor de ellos fue que ella me
confundió con una persona que, obviamente,
no era yo.
Ella aportó ante el juez cartas, y yo
juraré que aquella no era mi letra. Puso en
mi boca frases que a mí me sonaban a pura
jerga extranjera. Señor Juez, esa no es mi
ropa. No, aquel no es mi neceser.
Una noche salí; vi a un anciano morir. Me
quedé y le robé su dentadura
postiza. Ahora sí, ya te puedo mirar y
lucir a la vez una enorme sonrisa.
¿Qué más da que la gente
muera? Qué más da, si tienen que
morir. Ella me confundió con una persona
que, obviamente, no era yo.
Me lo podéis discutir, y hasta
contradecir, pero sé lo que viví,
rezando día y noche así: Dios
mío, haz que me olvide o que se muera.
Ella volvió. Oh sí, ella
volvió, y no tardó en declararme su
amor tan profundo. Hagamos que todo empiece otra
vez y termine con el polvo más triste del
mundo. ¿Qué más da que el
amor renazca? Qué más da, si en el
fondo yo sé que ella me confundió
con una persona que, obviamente, no era yo.
—Nacho Vegas-Ella me confundio con otra persona